Jam-Tracker
Detecta interferencias de radiofrecuencia en tiempo real, cartografía las zonas afectadas, localiza la fuente y adapta la trayectoria — sin ninguna conexión externa.
Un motor de comportamiento patentado, lo bastante ligero para vivir dentro de cualquier aeronave, que aprende cómo se comporta la plataforma — y reacciona en el instante en que algo deja de encajar. A bordo. Autónomo. Sin enlace con tierra.
Mirar dentro
Un controlador de IA embarcado del tamaño de una cajetilla. Vigila la navegación, la gestión del vuelo y el software de a bordo mientras se ejecutan — y cuando aparece una deriva, una señal suplantada o una intrusión, ya ha empezado a actuar.
Ponemos la inteligencia donde más falta hace — dentro de la plataforma, en el borde, sin depender de una conexión con tierra. Nuestro motor aprende en vuelo qué es lo normal para un sistema dado, y luego señala y responde a lo incongruente en tiempo real, con una explicación que un operador puede leer.
Detecta interferencias de radiofrecuencia en tiempo real, cartografía las zonas afectadas, localiza la fuente y adapta la trayectoria — sin ninguna conexión externa.
Una defensa en la capa de aplicación para el software crítico de vuelo — RTOS y FMS — frente al ciberataque, ejecutada dentro de la propia plataforma.
Reconoce la suplantación y la deriva como comportamiento, no solo como señal, y permite a la aeronave mantener su ruta cuando el cielo le miente.
La vigilancia continua del comportamiento capta los primeros signos de fallo — mantiene las flotas en vuelo y reduce el tiempo en tierra.
AKHEROS forma parte de la promoción 2025 de DIANA, el acelerador de innovación en defensa de la OTAN para el Atlántico Norte. Nuestro módulo SkyLock voló en el CAMCOPTER S-100 de Schiebel durante REPMUS 2025, el ejercicio multinacional de sistemas no tripulados — una IA autosuficiente protegiendo una plataforma real, en un ejercicio real, sin enlace con tierra.





Nuestra tecnología es agnóstica por diseño. Se instala sobre lo que ya vuela, navega o rueda — añadiendo conciencia de guerra electrónica, mantenimiento predictivo y ciberseguridad en la capa de aplicación sin tocar la aviónica.
Un componente ligero integrado en cualquier sistema operativo embarcado, que lleva la detección de comportamiento a plataformas ya en servicio.
Un módulo plug-and-play miniaturizado construido sobre la arquitectura SkyLock — vigilancia continua y en tiempo real en cualquier plataforma, con el modelo AKHEROS incorporado.
Un operador con una flota de helicópteros no necesita modernizar las aeronaves para disponer de una vigilancia de mantenimiento continua y en tiempo real. Akheros Inside la añade como retrofit — y cada hora que una plataforma no está inmovilizada por mantenimiento es dinero que sigue en el aire.
Detecta interferencias de radiofrecuencia en tiempo real, cartografía las zonas afectadas, localiza la fuente y adapta la trayectoria — sin ninguna conexión externa.
En un espacio aéreo disputado, la interferencia rara vez se anuncia: la señal se degrada, la aeronave deriva y el operador se entera demasiado tarde. Jam-Tracker analiza el entorno de radiofrecuencia a bordo, en varias bandas a la vez, y trata la interferencia como un comportamiento que hay que explicar en lugar de un ruido que hay que filtrar. Dibuja un mapa vivo de las zonas perturbadas, identifica la fuente de emisión y la clase de equipo que la produce, y entrega a la tripulación una imagen sobre la que actuar — o actúa sola, adaptando la ruta para que la misión continúe y la plataforma regrese.
Una defensa en la capa de aplicación para el software crítico de vuelo — RTOS y FMS — frente al ciberataque, ejecutada dentro de la propia plataforma.
La seguridad perimetral termina en la puerta del hangar. Una vez que la aeronave vuela, el software que la mantiene en vuelo está solo. Nuestro motor se sitúa junto a ese software y aprende cómo se comporta realmente — qué llamadas siguen a cuáles, con qué ritmo, bajo qué carga. No necesita base de firmas ni fuente de amenazas, porque no busca ataques conocidos: busca el momento en que el sistema deja de comportarse como él mismo. Cuando llega ese momento, nombra las causas probables y traza la cadena de acontecimientos, de modo que el operador lee un diagnóstico y no un registro.
Reconoce la suplantación y la deriva como comportamiento, no solo como señal, y permite a la aeronave mantener su ruta cuando el cielo le miente.
Una señal de satélite suplantada está, por construcción, bien formada: supera todas las comprobaciones que el receptor sabe hacer. Lo que no puede hacer es comportarse de forma coherente con todo lo demás a bordo — con la plataforma inercial, con el sistema de gestión del vuelo, con la propia historia reciente de la aeronave. Esa incoherencia es lo que detectamos. En vez de preguntar si la señal es válida, preguntamos si la posición que declara es compatible con cómo ha estado volando esta aeronave en los últimos minutos; y cuando la respuesta es no, la plataforma mantiene su ruta en lugar de seguir la mentira.
La vigilancia continua del comportamiento capta los primeros signos de fallo — mantiene las flotas en vuelo y reduce el tiempo en tierra.
Un componente rara vez falla sin avisar; primero cambia su forma de comportarse, discretamente, a lo largo de horas de vuelo que nadie mira de cerca. El mismo motor que defiende la plataforma también la recuerda — construyendo, en minutos de aprendizaje, un modelo de cómo funciona esta célula concreta, y advirtiendo después la deriva que precede al fallo. Para un operador, el valor no es la alerta sino el calendario: un mantenimiento planificado según lo que la aeronave dice de verdad, y no según el almanaque; y cada hora que no se pasa en tierra es una hora de disponibilidad recuperada.